Autor: JULIO MARCELO BRITO ALVISO | 12/01/2026
Migración laboral, camiones obsoletos, financiamiento desigual y aranceles amenazan la competitividad
JULIO BRITO A.
jbritoa@yahoo.com
La próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), programada para iniciar formalmente en 2026, representa un punto de inflexión para el autotransporte mexicano, un sector que sostiene más de 101 ramas industriales y gran parte del comercio exterior del país. Así lo advierte Augusto Ramos, secretario general y aspirante a la presidencia de Canacar, quien subraya que cualquier exclusión del sector en las mesas de negociación puede traducirse en pérdidas estructurales.
Ramos enfatiza que el autotransporte no puede ser un actor pasivo. Su ausencia en las discusiones técnicas implicaría decisiones tomadas sin considerar la realidad operativa de miles de empresas transportistas. La advertencia no es menor: el tratado impacta directamente en reglas laborales, inversión, financiamiento, importación de vehículos y operación transfronteriza.
Uno de los principales focos rojos es la entrada de camiones usados con más de diez años de antigüedad, provenientes de Estados Unidos. Estas unidades, diseñadas para condiciones distintas, son utilizadas en México con sobrecargas que aceleran su desgaste y elevan el riesgo de accidentes. Para Ramos, se trata de vehículos que ya agotaron su vida útil y que agravan los problemas de seguridad vial.
El tema laboral también genera preocupación. Alrededor de 50 mil operadores migraron a Estados Unidos, atraídos por mejores condiciones. Hoy, cerca de 10 mil han regresado, mientras se registran hasta 50 deportaciones diarias, la mitad de mexicanos. El dirigente advierte que esta dinámica es cíclica: cuando la economía estadounidense repunte, la demanda de operadores volverá a presionar al mercado mexicano.
En el ámbito financiero, la competencia es desigual. Mientras empresas estadounidenses acceden a tasas cercanas al 6% anual, en México los costos superan ampliamente ese nivel. A ello se suma que los tractocamiones resultan más caros en el mercado nacional, incluso cuando se fabrican localmente, lo que limita la renovación de flotas.
Finalmente, la incertidumbre por posibles incrementos arancelarios continúa impactando los costos de unidades, insumos y traslado de mercancías, con un efecto directo en el precio final al consumidor.
Ramos reconoce el esfuerzo del gobierno federal por mantener diálogo con Washington, pero insiste en que el sector privado debe participar activamente para evitar que el autotransporte quede relegado en una negociación que definirá su futuro. La revisión del T-MEC, afirma, no sólo compromete al transporte, sino a una parte esencial de la economía mexicana.
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